jueves, 10 de marzo de 2011

Nacho Vegas - La Zona Sucia

Tras romper con Limbo Starr y embarcarse en la aventura de la autoedición junto con otros artistas, como Refree, a través de Marxophone, sello creado por ellos para este cometido, Nacho Vegas publica su quinto trabajo en solitario, dentro de su prolífica carrera que incluye haber formado parte de Manta Ray o Migala, y las diferentes colaboraciones que ha realizado en estos últimos años con otros artistas nacionales de relevancia.
La Zona Sucia significa un giro en ciertos aspectos respecto a sus anteriores trabajos, para empezar porque es más acústico y suave que éstos, incluso con una instrumentación diferente en la que destaca la mayor presencia del piano de Abraham Boba, ya integrado como un miembro más de la banda que acompaña a Nacho Vegas, o la utilización de coros infantiles (Les Guajettes) en algunos temas. En ciertos momentos incluso recuerda a las partes más tradicionales de Lucas 15, proyecto en el que colabora con Xel Pereda revisando ciertos temas del folklore asturiano fundamentalmente. Otro de los puntos clave es que, dentro de la suavidad del disco, las letras, independientemente de la temática de las mismas, son más alegres, transmiten menos desasosiego que en otros escritos de Nacho Vegas, como si todo estuviese más tranquilo.
Esa tónica ya se marca en el inicio del disco con Cuando te canses de mí, canción que recuerda por ritmo y composición a la época de “Actos Inexplicables”, para continuar con el que posiblemente es el mejor tema del disco y una de las primeras canciones que se dio a conocer del mismo, La gran broma final, que es el tema que más se acerca a los títulos más destacados en la trayectoria de Nacho Vegas. La mayor pega de esta canción es que llega demasiado pronto en el disco, y a partir de este punto se va perdiendo tensión e interés enlazando temas que, pese a su calidad, no alcanzan las cotas esperadas y son hasta un tanto tediosas, como pasa con Taberneros, canción un tanto densa que desconecta al oyente de la dinámica del disco, a pesar de elementos distintivos que se van viendo en temas anteriores como Reloj sin manecillas. Hasta que no se llega a la siguiente gran canción del disco, la octava…, Lo que comen las brujas, no se disfruta de ningún otro momento de especial relevancia, y esto no se repite hasta la canción de cierre, El mercado de Sonora, que es el único tema del disco que retoma las clásicas guitarras distorsionadas y un tanto “sucias” tan características en la trayectoria de Nacho Vegas.
Quizás por esa tranquilidad, o porque los que llevamos siguiendo la trayectoria de Nacho Vegas estamos acostumbrados a trabajos con más tensión, tanto a nivel de letras como de música, el resultado final es un tanto decepcionante. Es muy difícil abstraerse de comparar este trabajo con sus discos anteriores, y en la comparación pierde salvo con su anterior trabajo, El Manifiesto Desastre. Cada cosa que hace este artista genera un alto nivel de expectativas que provoca que el rasero con el que se mida su trabajo sea bastante alto, y es importante no olvidar que aunque no estemos ante uno de sus mejores trabajos, seguramente sea uno de los discos nacionales que se destacará a finales de año.

Calificación: 5,5

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